Fallecía el pasado 12 de agosto a los 89 años

DURANGO | El pasado 12 de agosto falleció Miguel Piedra, uno de los grandes precursores de la cesta punta profesional en Euskadi. Tras una vida dedicada a la gestión pelotazale, la cantera y la solidaridad en su pueblo, su marcha deja un vacío irreparable en el deporte vasco. Siguiendo la estela familiar, Piedra convirtió a Durango en un epicentro internacional de esta disciplina.
La historia de la cesta punta moderna no se entiende sin la saga de los Piedra. Hasta mediados del siglo pasado, las funciones profesionales en la región eran testimoniales, limitadas al receso veraniego de unos pocos puntistas que regresaban de los frontones americanos. Todo cambió el 13 de junio de 1957, cuando su padre, Miguel Piedra García, comenzó a programar festivales de forma continua en el Ezkurdi Jai Alai.
Tras el fallecimiento del patriarca en 1966, Miguel tomó las riendas de la empresa junto a su hermano Javier. Bajo su dirección, la cesta punta alcanzó cotas inéditas de popularidad: los hermanos Piedra llegaron a programar la histórica cifra de 351 festivales profesionales en un solo año en Ezkurdi, ofreciendo sesiones de mañana y tarde. Como recogía la prensa de la época en 1961 bajo el titular «Avalancha de partidos de cesta punta en Durango», el recinto elorriarra y durangués pasó a ser considerado «La Meca y Eldorado» del deporte de la cesta.
Modernización del Ezkurdi
En 1970, los Piedra acometieron una ambiciosa reforma integral para elevar el recinto a la élite profesional. Sustituyeron el frontis por piedra de granito de alta calidad, remodelaron las gradas con asientos de mayor confort, instalaron calefacción e implantaron un sistema de iluminación de vanguardia.
Además de su faceta como promotor, Miguel fue el gran impulsor de la cantera local. Fundó y presidió la Escuela de Cesta Punta de Durango hasta 1990. Gracias a su trabajo de base, más de 130 pelotaris durangueses dieron el salto al campo profesional, exportando el talento de la villa a los frontones más importantes del planeta.
Más allá de la cancha, su compromiso con la localidad fue absoluto. Durante más de 30 años organizó un festival benéfico anual a favor del Santo Hospital de Durango. Aquellas citas, que reunían a la élite mundial y abarrotaban las gradas, unieron el deporte de alto nivel con la solidaridad vecinal. Cabe recordar también que durante años estuvo al frente del Cine Zugaza.
Con la pérdida de Miguel Piedra desaparece un trabajador incansable, un apasionado de la pelota y un referente imprescindible del patrimonio cultural y deportivo de Durangaldea.



