Tras la visita del año pasado a tierras alavesas, los vecinos de Lanciego han devuelto la visita a Garai

GARAI | Lo que comenzó hace trece años como un acuerdo oficial entre ayuntamientos se ha convertido en una cita ineludible en el calendario de Garai y Lanciego. Este pasado sábado, 9 de mayo, la localidad vizcaína ejerció de anfitriona para recibir a una nutrida delegación de vecinos y representantes de Lanciego, cumpliendo así con la tradición de alternar anualmente el lugar de encuentro.
La jornada comenzó en San Juan de Momoitio, donde los anfitriones dieron la bienvenida a los visitantes con un hamaiketako, el primer punto de encuentro para retomar conversaciones y amistades forjadas en encuentros anteriores. Tras el recibimiento, el grupo se trasladó al recinto amurallado de Trumoita, una de las joyas patrimoniales de Garai, donde realizaron una visita cultural.
Uno de los momentos más significativos de la mañana tuvo lugar junto a la iglesia de San Miguel. Allí, los participantes se reunieron en el parque que alberga los símbolos del hermanamiento: la encina, el mojón y las vides traídas desde Rioja Alavesa. Como es habitual, la comitiva realizó la tradicional foto de grupo en este punto, que representa el crecimiento y la solidez de su relación.
La celebración continuó en la plaza del pueblo con una comida que reunió a decenas de personas. A pesar de las previsiones de lluvia que marcaban la semana, el ambiente festivo y la música amenizaron una sobremesa en la que no faltaron los brindis por un vínculo que, tras el parón de la pandemia, ha recuperado toda su fuerza.
Con este acto, Garai y Lanciego vuelven a sellar un pacto de fraternidad que trasciende lo institucional para convertirse en una jornada de amistad entre vizcaínos y alaveses.



