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«Grabamos ocho cortometrajes con mi mejor querido amigo»

Mariano Martín recuerda en DOTB la figura de su gran amigo José Luis Martínez de Antoñana en el primer aniversario de su fallecimiento

Mariano Martín durante la entrevista en DOTB

DURANGO – El paso del tiempo borra algunas cosas, pero los recuerdos compartidos a través de un objetivo y el valor de una auténtica amistad permanecen intactos. Esta semana, DOTB ha acogido una de las entrevistas más emotivas y cargadas de nostalgia del año. Mariano Martín Martín, natural de Ciudad Rodrigo, -donde empezó a escribir con 13 años y a los 22 años, en 1974 llegó a Durango- ha rendido un sincero y cariñoso homenaje a su gran e inseparable amigo, Jose Luis Martínez de Antoñana, coincidiendo con el primer aniversario de su fallecimiento. «Fui ese mismo año en Navidad a la tienda de José Luis en su tienda en Santa María para comprar material para pinta y empatizamos desde el primer momento. Hubo una atracción mutua»

Para los amantes de la cultura local, hablar de Martínez de Antoñana es hablar del eterno presidente, impulsor y alma fundadora de la Asociación de Artistas del Duranguesado. Sin embargo, para Mariano era mucho más que un referente cultural: era su compañero de batallas creativas, de cafés compartidos y de interminables horas de grabación. Juntos formaron un tándem cinematográfico único en la villa, llegando a rodar y producir de forma conjunta un buen puñado de cortometrajes a lo largo de los años. Una complicidad que traspasaba las cámaras y que hoy se convierte en el mejor legado de una época dorada.

Durante la entrevista televisiva, Mariano no solo ha hecho un recorrido por las anécdotas que vivieron detrás de los focos y su amor compartido por el arte, sino que también ha dejado una profunda reflexión sobre cómo entiende la vida y las relaciones humanas hoy en día. Con la honestidad y la cercanía que le caracterizan, el durangués ha dejado clara su filosofía frente a la frialdad de las nuevas tecnologías: «Prefiero llamar y hablar, nada de WhatsApp». Mariano también ha puesto en valor durante la entrevista su pasión de la poesía. «En una mesilla tengo un papel y un boli por si en algún momento de la noche me llega la inspiración de escribir algo», recuerda. Un legado que dejará con muchos libros te tiene escritos como «Canto al amor», «Resurrection», «Sinfonía para un poema», entre otros.

Esa defensa del contacto directo, del tono de voz y de la conversación cara a cara define a la perfección la manera en la que ambos creadores construían su entorno y alimentaban su amistad en Durango. Una forma de ser «de la vieja escuela» que echa de menos la calidez de un encuentro real frente a la inmediatez de una pantalla.

La emisión de este homenaje en DOTB no solo ha servido para recordar la irrepetible figura de Martínez de Antoñana en un año tan señalado para su familia y para la Asociación de Artistas, sino también para poner en valor la mirada de Mariano Martín, un hombre que sigue prefiriendo la palabra viva, el abrazo y el cine compartido al ritmo que marca la tecnología actual. El primer año sin Antoñana duele, pero testimonios como el de su gran amigo demuestran que su huella en Durango sigue estando muy viva.

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