Se llevó a cabo un minuto de silencio con los dos porteros junto al círculo central junto a Iribar y el Txopo con la camiseta de su ídolo

EUP! – San Mamés vivió este sábado de emociones fuertes, rabia y orgullo, aunque sin el premio de los puntos. El Athletic Club cayó derrotado por 1-3 frente al Sevilla FC en un choque desfigurado desde los primeros compases por una rigurosa expulsión de Yuri Berchiche. Pese a jugar más de una hora con un hombre menos, el conjunto dirigido por el debutante Edin Terzic plantó cara, adueñándose por momentos del juego, pero terminó pagando muy caro el desgaste y sus propios errores en las áreas.
La cita arrancó con la emoción a flor de piel. La Catedral rindió un caluroso homenaje a sus campeones y campeonas europeos y mundialistas, seguido de un estremecedor minuto de silencio en memoria de la leyenda Carmelo Cedrún, con José Ángel Iribar y los guardametas en el círculo central luciendo de su ídolo.
Sin embargo, el clima emotivo saltó por los aires con la jugada que cambió el rumbo del choque: Yuri vio la tarjeta roja directa como último hombre en una acción donde el atacante hispalense ni siquiera tenía el control del cuero. La grada entró en ebullición y la indignación fue a más cuando el Sevilla cobró ventaja por mediación de Oso, en una jugada envuelta en protestas por una posible falta previa sobre Unai Simón. La retirada a los vestuarios fue un clamor de indignación como los de antaño.
Pese al golpe, el Athletic no le perdió la cara al choque. Sancet, Canales e Iñaki Williams acariciaron el empate, pero la pegada visitante dictó sentencia en la reanudación. En una contra letal, Ejuke firmó el 0-2 y, poco después, Isaac Romero aprovechó una pérdida en la salida de balón zurigorri para colocar el 0-3.
Orgullo sin recompensa final
Lejos de bajarse del partido, los leones tiraron de coraje. Comandados por un omnipresente Canales —que formó en la medular junto al debutante Gerenabarrena—, el Athletic acorraló a su rival. Tras una gran maniobra del propio Canales que terminó en córner, Paredes cazó el envío al área para mandar el balón a las redes e izar la bandera de la fe con el 1-3 a falta de 20 minutos.
El tramo final fue un monólogo bilbaíno ante un Sevilla totalmente atrincherado en su parcela. Berenguer dispuso de una clara ocasión para apretar aún más el electrónico, pero la remontada se quedó en quimera. Un duro revés en el marcador que, sin embargo, dejó chispas del carácter y la combatividad que busca imprimir Terzic a sus pupilos.


