Los párrocos de la Abadetxea esquivan con su presencia el cierre del Santuario tras su jubilación

ABADIÑO – Hubo un momento en el que el Obispado de Bilbao sopesó seriamente una decisión drástica y dolorosa para Durangaldea: echar la llave al Santuario de Urkiola y a su histórica casa cural. Tras la pérdida de figuras irreemplazables y entrañables que marcaron una época en el puerto abadiñarra —como Joseba Legarza, Peli Romarategi, Antonio Madinabeitia (de cuyo fallecimiento se cumplen dos años este próximo 13 de junio) o el obispo Bittor Garaigardobil— y tras la marcha de Félix y Kontxi los seglares que sostuvieron el día a día del lugar, el vacío parecía definitivo.
Sin embargo, en septiembre de 2025, el destino de la cumbre abadiñarra cambió. Dos trayectorias unidas por raíces bermeotarras decidieron cambiar el retiro de la jubilación por la mística y las exigencias de la montaña. Juanjo Elezkano (bilbaíno con raíces en Bermeo) dio el primer paso. El camino no estuvo exento de advertencias; un compañero sacerdote le preguntó si había calibrado bien la soledad de Urkiola cuando cae la noche. Poco después, Mikel Legazpi (natural de Bermeo) se enteró del plan y se sumó sin dudarlo. El propio Obispo le transmitió a Mikel su preocupación por ver a Juanjo solo en el puerto, a lo que este respondió entre risas: “Pues ven tú conmigo”. Desde entonces, ambos comparten tejado, misión y buen humor: “Vinimos a Urkiola para jubilarnos, pero aquí siempre hay algo”.
A pesar de los tópicos sobre la vida contemplativa, su rutina dista mucho de ser monótona. Tienen a su cargo la apertura del templo —construido en 1898— desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde, además de oficiar la misa dominical de las doce, a la que habitualmente acude una decena de fieles. «La gente cree que tenemos mucho tiempo libre, pero no es así«, explican. Cada jornada se convierte en una «caja de sorpresas», especialmente en el plano burocrático.
La última anécdota la protagonizó una entidad bancaria, que les notificó la retención de una cuenta corriente a nombre del Santuario de la que no tenían la menor constancia. «¡Nosotros pensábamos que solo existía la cartilla de la BBK!», confiesan divertidos, demostrando que incluso a más de 700 metros de altitud la administración no da tregua.
A nivel de experiencia, el puerto no es nuevo para Mikel, quien ya estuvo allí entre 1974 y 1975 con apenas 23 años «para hacerse cura» antes de ser destinado a Amorebieta-Etxano. Juanjo, por su parte, aporta la perspectiva y el bagaje de sus años como misionero en Ecuador.
Tomar el testigo de Urkiola implica también asumir sus tradiciones artísticas y científicas. Al levantar la mirada en el altar se encuentra el imponente mural de las cuatro estaciones de Peli Romarategi, un legado que cuidan con respeto. Pero además, Mikel y Juanjo se han convertido en los nuevos «hombres del tiempo» de la comarca: ellos se encargan ahora de registrar diariamente los datos meteorológicos en colaboración con Euskalmet, recogiendo el testigo que durante décadas llevaron con precisión Joseba Legarza y Bittor Garaigardobil.
El balance de estos meses es plenamente positivo gracias a la paz y el silencio del entorno. Un silencio que aprovechan para impulsar proyectos de mejora. Con la ayuda de un vecino de la zona que acudió con su tractor a arar la tierra, ya preparan la recuperación del antiguo huerto situado detrás de la Abadetxea para realizar las primeras plantaciones. Asimismo, tienen la mirada puesta en la rehabilitación del refugio, para el cual reclaman mejoras al Ayuntamiento de Abadiño, entre ellas la urgente instalación de luz eléctrica.
San Antonio
El trabajo y la adaptación de estos meses vivirán su momento álgido este sábado 13 de junio con la celebración de San Antonio, una de las festividades más multitudinarias del calendario local. Si la climatología acompaña, se espera que miles de personas abarroten el entorno para disfrutar de la tradicional feria ganadera y de productos agrícolas.
Para dar abasto a la afluencia de devotos, se han programado cuatro misas por la mañana (a las 10:00, 11:00, 12:00 y 13:00 horas). La eucaristía principal del mediodía estará presidida por el obispo. El fin de semana festivo se completará el domingo, jornada de repetición, con otras dos misas a las diez y a las doce.
Ante la previsible llegada masiva de visitantes, los dos párrocos lanzan una petición unánime basada en el civismo y el respeto al Parque Natural: «Pedimos a la gente que venga que deje Urkiola mejor de lo que lo ha encontrado». Una llamada a la responsabilidad para cuidar el entorno de una cumbre que, gracias a Mikel y Juanjo, sigue teniendo guardianes.



