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¿Hemos asumido que la violencia sea un elemento más del deporte?

Jonathan Mujika, experto en protección a la infancia en el deporte

Jonathan Mujika, experto en protección a la infancia en el deporte. 

IRITZIA | El futbol se ve nuevamente envuelto en un escándalo de violencia, esta vez protagonizado por el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, quien agredió a la destacada jugadora, Jenni Hermoso, al agarrar su cabeza y besarla en la boca sin consentimiento de ésta. Realizando un análisis que va más allá de un caso concreto y que pretendo sea más global, me genera bastante inquietud pensar que, si esta agresión no es “solo” es la punta del iceberg, lo que hemos podido constatar, lo que se ha podido ver. ¿Qué no pasará en entornos menos controlados como vestuarios, concentraciones, en espacios donde hay menores, etc.? No se trata de generar una alama, pero tampoco podemos mirar para otro lado dando por hecho que todo está bien porque los datos de diferentes investigaciones nos llevan a concluir que violencia hay, y mucha.

Generalmente, cuando lo comento con otros colegas que también se dedican a generar espacios deportivos seguros no conseguimos hallar respuesta. ¿Es la sociedad en general y el mundo del deporte en particular consciente del impacto que genera la violencia y altísimo costo que tiene en lo social, lo humano y lo económico? ¿Hemos asumido que la violencia sea un elemento más del deporte? ¿Se hace una apuesta real desde las instituciones por erradicar la violencia en el deporte y cumplir la Ley?

Lo que no genera debate es que a medida que la violencia en el deporte sigue siendo un problema persistente, se deben intensificar tanto por parte de las instituciones deportivas, como las políticas y la sociedad en general, los esfuerzos por prevenirla y abordarla de manera efectiva. Si hablamos de prevención se torna indispensable, por ejemplo, establecer códigos de conducta tanto para los entrenadores como para los deportistas y sus familias es fundamental. Éstos deben enfatizar el respeto mutuo, la comunicación abierta y el rechazo de cualquier forma de violencia. Por otro lado, los entrenadores y todo el personal involucrado en actividades deportivas, sobre todo enfocadas a la infancia, deben recibir formación sobre la detección y prevención de la violencia. Esto incluye la promoción de métodos de enseñanza positivos,respetuosos y basados. Además, con el fin de fomentar la transparencia y la rendición de cuentas es indispensable crear un canal seguro y confidencial para que las personas deportistas puedan denunciar posibles casos de violencia sin temor a represalias. 

Sin embargo, por mucho que enfoquemos los esfuerzos en la prevención siempre se pueden dar casos de violencia, por eso es importante saber de qué forma abordarla. Llevar a cabo una investigación exhaustiva y objetiva para determinar la veracidad de las acusaciones y tomar las medidas adecuadas, brindar apoyo psicológico y emocional a la víctima para ayudarle a superar los efectos traumáticos de la violencia, aplicar sanciones proporcionales y ejemplares a los perpetradores, establecer también medidas de reparación… Esto envía un mensaje inequívoco de que la violencia no será tolerada.

Y pensaréis: “¿Quién se va a encargar de todo esto en nuestro pequeño club de barrio? ¿Quién va a coger “el marrón”?  A medida que la sociedad avanza hacia una mayor conciencia sobre la importancia de proteger y ofrecer entornos deportivos seguros y libres de violencia, la persona delegada de Protección a la Infancia se erige como un eslabón vital en esta cadena de seguridad. Su labor no solo impacta en la seguridad de los niños y adolescentes involucrados, sino que también fortalece la integridad y la credibilidad de los clubes y, por ende, del mundo del deporte en su conjunto. Y, por tanto, sienta las bases primero, para prevenir casos de violencia también en la edad adulta y, segundo, para dotar de herramientas para poder dar una respuesta adecuada en caso de violencia.

En resumen, la agresión de Rubiales a Jenni Hermoso ha expuesto una vez más la oscura realidad de la violencia en el deporte, en este caso de índole sexual. Esto debe ser un llamado de atención para que las autoridades deportivas y políticas y la sociedad en general trabajen juntas en la creación de un entorno seguro y respetuoso en el que los valores deportivos prevalezcan sobre cualquier forma de agresión.

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