[dotb.eus] ¿Sabías que el boxeo triunfó en Durango en la década de los 60?

Por Jesús Iturralde
Surgieron hasta cuatro boxeadores en Durango

DURANGO.- Como antiguo gran aficionado al boxeo, permítanme mis amables lectores que dedique un pequeño capítulo a los púgiles durangueses que practicaron este noble arte de las 12 cuerdas, aunque hoy en día y con muy buen criterio de las distintas federaciones, son 16 y no 12 las cuerdas que delimitan el ring.
Empezaremos con Angel Martínez Ochoa, conocido en el ambiente pugilístico como”Ochoa” en verano del 2000.

Ángel militaba en el peso ligero con la gran ventaja de su enorme envergadura para su peso, que el permitía, a base de jab de izquierda, mantener distancia a sus contrarios, aunque la técnica, en la mayoría de sus combates, se veía superada por su coraje, metiéndose peligrosamente en el terreno de los contrarios, que siempre tenían menor envergadura y les interesaban las cortas distancias.
Como la mayoría de los boxeadores durangueses, no pasó al campo profesional, disputando como aficionado alrededor de 15 combates.

Fue vencedor del torneo “Guante de Oro” y finalista en otro famoso torneo del “Boxeador desconocido”. Precisamente la severa derrota sufrida en esa final propició el que Ángel colgara los guantes.

La prensa de entonces -estamos hablando del año 1949-, cuando se refería a Ochoa, lo llamaba el durangués de brazos como aspas de molino.

En la segunda mitad de la década de los 60 la afición al boxeo estaba muy en boga. Bizkaia tuvo, al mismo tiempo, nada menos que 5 campeones de España profesionales. No recuerdo el quinto. Los otros cuatros fueron Bellanco, Neches, Madrazo y Benito Canal. En Durango surgieron tres púgiles de la misma hornada: Jesús María Birichinaga, Serafín Méndez y Gregorio Ugarte.

Jesús Biritxinaga, Birichi, que falleció muy joven en accidente automovilístico, militó en la categoría de peso pluma y diputó alrededor de 10 combates, saliendo vencedor en la mayoría de ellos, y haciendo alarde, con una facilidad asombrosa, de cambiar la guardia varias veces en un mismo asalto; lo que desconcertaba al contrario, aprovechando Birichi para colocar sus mejores golpes.

En los pesos gallo militó Serafín Méndez Sugar. Aún hoy se le conoce por ese apelativo y nombre de guerra. Sugar disputó 18 combates, saliendo victorioso en 15 de ellos, con uno nulo y dos perdidos.

Si ha existido un boxeador valiente en un cuadrilátero, éste ha sido Serafín Sugar Méndez. No pasaban 30 segundos del comienzo del combate cuando ya se lanzaba como un kamikaze a por el contrario, pero con la suficiente frialdad para no descomponer su guardia. Era como un pequeño huracán que no daba respiro a su contrincante.

Ello, acompañado por una pegada más que considerable para su peso, le facilitó 15 victorias sobre 18, que no es mal historial, ni mucho menos.

Y terminamos este capítulo boxístico con un peso Welter que llegó a disputar cuatro combates neo-profesional. Se trata de Gregorio Ugarte Kid Gregor. Dueño de una pegada mortífera y un crochet demoledor. Para hacernos a una idea de cómo acariciaba Ugarte, no hay más que ver su historial: 34 combates celebrados, de los que ganó 30, 28 de ellos por K.O., con un combate nulo y tres perdidos.

Fue una pena que en su presentación en Durango, su pueblo, cuando ya era famoso, perdiera por K.O. técnico, pero tengo que romper una lanza a su favor, aclarando que le cambiaron el contrario asignado, un tal Ungidos II, y, a última hora le pusieron en frente a nada más y nada menos que Palacios, subcampeón de España de profesionales. No olvidemos que Ugarte era aficionado. A pesar de esa faena del promotor, hasta el último minuto del combate fue ganando. Gregorio a los puntos.

Los otros que consiguieron ganarle fueron dos grandes profesionales: Rosado, campeón de España, profesional, y Romaniega, que ya había llegado a pelear con el gran Fred Galiana. En resumen, que los tres únicos que lo vencieron no fueron aficionados como él, sino grandes profesionales que vivían del deporte del box.

Debido a la larga lista de victorias por K.O, la prensa enseguida se hizo eco de sus victorias llegándole a llamar Cloroformo Ugarte, dado que dormía a todos los contarios. En cierta ocasión, Ugarte, Kid Gregor, peleaba en Bilbao, en la misma velada que intervenía José Legrá, un negrito cubano que fue campeón mundial, en la Feria de Muestras de Bilbao. En las colas de las taquillas se encontraron dos amigos y uno le preguntó al otro: ¿Qué? ¿A ver al moreno? El otro contestó: Al moreno que le den tila. Yo vengo a ver a Cloroformo.

Aquel combate duró alrededor del minuto. Cuando sonó la campana para el primer asalto, el público empezó a corear: Duérmele, duérmele, duérmele… Y cuando al minuto Ugarte soltó uno de sus mortíferos golpes y el contrario quedó K.O., el público coreó: Dormido, dormido, dormido…

Fue una época muy bonita para los aficionados al noble arte, como se le denomina, y con lo que yo estoy totalmente de acuerdo, porque, ¿en qué deporte se puede imaginar que, después de haberse sacudido de lo lindo, se abracen y el perdedor felicite al contrario? Sólo en el boxeo.

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