Una usuaria denuncia el estado de abandono del elevador de Euskotren, obligando a personas con movilidad reducida o carritos a dar rodeos

AMOREBIETA-ETXANO – «Esto es lo que hay». Con esa mezcla de resignación y profunda indignación comienza el relato de una vecina de Amorebieta-Etxano mientras graba con su teléfono móvil el deplorable estado en el que se encuentra el ascensor de la estación de Euskotren de la localidad. La denuncia, que pone el foco en las barreras de accesibilidad cotidianas, expone una situación que, según los afectados, se prolonga ya desde hace casi dos años sin recibir una solución definitiva.
El origen del problema técnico se hace evidente al primer vistazo en las imágenes: una enorme cristalera fracturada por un impacto directo de vandalismo. Un destrozo que, lejos de ser reparado de inmediato, fue «solucionado» de manera provisional mediante la colocación de cintas aislantes. Además esta semana el ascensor completamente fuera de servicio, con las puertas atascadas.
La inactividad de la infraestructura afecta de manera directa a los colectivos más vulnerables del municipio: personas mayores que no pueden subir escaleras, padres y madres con carritos de niños o ciudadanos cargados con la compra diaria.
«Solo empeora»
Ante la avería, la alternativa para cruzar o salvar el desnivel es realizar un trayecto peatonal considerablemente más largo. «Si tenemos que ir con carro, con niños, o gente que no pueda subir escaleras, tiene que ir hasta la otra punta para poder hacer todo ese recorrido para llegar a casa. Esto, después de trabajar todo el día, no es agradable para nadie», relata con cansancio la afectada en el vídeo enviado a DOT.
Los residentes critican lo que consideran una política de «parches» continuos que solo empeora el estado de la instalación con el paso de los meses. Asimismo, exigen una mayor implicación institucional para resolver un problema de movilidad que entorpece la calidad de vida en el barrio. «Esta es la cara que el Ayuntamiento quiere ocultar. Lo sufrimos todos los días y, por lo visto, no hay presupuesto para esto», concluye la vecina, alzando la voz para que las demandas de los usuarios sean finalmente escuchadas y se proceda a la sustitución integral de los elementos dañados.



