Maite Ereño cierra su mítica peluquería de Andra Mari en Durango

DURANGO | Este sábado, 27 de junio, quedará marcado para siempre en el corazón de Andra Mari. Maite Ereño acudirá muy temprano, como ha hecho de forma casi ininterrumpida durante los últimos 46 años, a su emblemática peluquería. Pero la jornada de hoy sábado será completamente diferente. Cuando cierre la puerta a las dos de la tarde y despida a sus últimas clientas, ya no volverá. A sus 80 años, y tras una vida entera dedicada en cuerpo y alma al oficio, Maite se retira.
Lo hace con una mezcla de emoción y los lógicos nervios del momento. De hecho, ha confesado ante las cámaras de DOTB sentir «un nudo de angustia por no saber qué va a pasar a partir de ahora». Dejar el salón no ha sido una decisión fácil ni motivada por el cansancio: «Lo dejo porque mis hijos no me dejan seguir trabajando, les parece ridículo a mi edad», señala entre risas, asegurando que, teniendo salud, ella hubiera continuado algunos años más.
“Lo dejo porque mis hijos no me dejan seguir trabajando”, confiesa entre risas ante las cámaras de DOTB
«Me he dedicado toda una vida a este oficio», rememora la durangarra. Maite comenzó a trabajar con tan solo 14 años, dando sus primeros pasos en la recordada peluquería de Eguen. A lo largo de su trayectoria ha cotizado un total de 57 años, una cifra récord que demuestra su inquebrantable vocación.
Para Maite, las paredes de su salón en Andra Mari han sido mucho más que un lugar de trabajo; fueron su gran refugio en los momentos más duros. «Cuando murió mi marido, Luis Uriarte, me salvó la rutina de tener que venir a trabajar todos los días», recuerda con emoción.
Al echar la vista atrás, Maite analiza con lucidez cómo han cambiado las costumbres y el propio sector en estas cuatro décadas: «Las mujeres vienen mucho menos, cada vez se arreglan más en casa. La gente se tiñe menos, todo está más caro y los productos han subido mucho de precio». Como curiosidad, destaca un cambio de tendencia en la clientela: «Antes las mujeres venían más; ahora son los hombres los que vienen más a la peluquería, se preparan y se cuidan mucho más».
«Oír, ver y callar»
Por sus manos han pasado «muchísimas» vecinas de Durango y de la comarca, lo que la ha convertido en depositaria de incontables confidencias. Maite revela que el mejor consejo profesional se lo dio su propia familia: «Mi madre, cuando empecé, ya me dijo: ‘Oír, ver y callar’. Y ante todo, callar».
Haciendo balance, reconoce que en muchas ocasiones le ha tocado ejercer más de confidente que de estilista. «En las peluquerías hay que tener mucha paciencia. Muchas veces he hecho de psicóloga. Antes la gente venía y te contaba su vida, ahora ya no tanto», concluye.
Este sábado, Durango despide a una de sus comerciantes más queridas. Desde DOTB le deseamos a Maite una muy feliz y merecida jubilación. Eskerrik asko, Maite!



