Urkiola disfruta de San Antonio con 30 grados en una jornada multitudinaria marcada por la devoción, la tradición, los cambios en la feria y el relevo en el Santuario
ABADIÑO.- San Antonio ha vuelto a demostrar por qué es la gran cita del mundo rural en Durangaldea. El recinto festivo ha sido un auténtico festival a ritmo de trikitixa. Entre los clásicos puestos de quesos y embutidos llegados de León o Cantabria, y el masivo consumo de talos con chorizo «Con este día da gusto subir», apuntaba Isabel, de Barakaldo, la gran sorpresa la han dado las madres dominicas del convento de Elorrio. Han debutado por primera vez en Urkiola vendiendo su famosa repostería artesanal: “Si nos va bien, vendremos más años”, confesaba la madre superiora.
La tradicional feria de ganado vacuno no ha podido celebrarse este año debido a las restricciones sanitarias vigentes. El Ayuntamiento de Abadiño ha sabido reaccionar para salvar la cita: una espectacular exposición equina ha tomado las inmediaciones del santuario y la carpa vacía se ha llenado de vida. “Hemos querido innovar con talleres de artesanía, de lana…”, explicaba la teniente de alcalde, Edurne Maguregui.
Para Osakidetza
La piedra Tximistarri ha vuelto a ser el epicentro de los deseos, algunos más tradicionales y otros muy de actualidad. Mientras muchos daban las siete vueltas reglamentarias para encontrar pareja, el durangarra Juanjo Fondado lo hacía por pura salud: “Doy vueltas para pedir a Osakidetza que me opere de la cadera cuanto antes; espero pasar por quirófano en agosto”, comentaba entre risas.
Subir en coche a partir de las once de la mañana se ha convertido en una misión imposible. Las colas eran kilométricas a pesar de los autobuses especiales fletados por la Diputación. El aparcamiento también ha levantado críticas por el estado del firme: “Podían haber echado un poco de gravilla, ¡cuántos baches!”, lamentaba una cuadrilla de Durango. Entre los asistentes estaba el durangarra Joseba Martín, que venía andando desde Atxarte. Para ello ha salidod e casa a las 7:30 de la mañana: “Quería una foto de recuerdo en la piedra, pero está resultando imposible”, confesaba mientras miraba la cantidad de gente que abarrotaba las inmediaciones del Santuario.
Ha sido un San Antonio de fuerte carga simbólica en el plano organizativo. Este año ha debutado la pareja formada por Mikel y Juanjo como los nuevos responsables de la acogida y el mantenimiento del santuario. Los dos se han convertido en los protagonistas silenciosos de la jornada, recibiendo el constante cariño de los montañeros y habituales en su estreno en el cargo.



