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«Peajes: Hablemos claro»

Artículo de opinión

Artículo de opinión

IRITZIA | El tema de los peajes se deja caer a la opinión pública como algo que solo pretende cubrir
una necesidad recaudatoria, por parte de las diputaciones. Sin embargo sus promotores no alcanzan a ver las repercusiones que tal medida, totalmente innecesaria e injusta llevará consigo, pues sus sinergias actuarán como espoleta, no solo a quienes pasan por caja con sus vehículos, sino al conjunto de la ciudadanía. Los transportistas incidirán ese precio en sus portes y los distribuidores en el precio de venta, rebotándolo a la ciudadanía que seguirá mermando su poder adquisitivo.

Se nos dice que la financiación de las vías de alta capacidad supone un coste que está fuera del menú. Como si ello sobrepasara lo que las administraciones están obligadas a ofertar en pleno siglo XXI. Esto es, que solo están dispuestas a sufragar las decimonónicas carreteras, y las autovías y autopistas las tuvieran que pagarlas sus usuarios sí o sí. Sería lo mismo que si en sanidad, Osakidetza mantuviera los consultorios y cuartos de socorro y cobrara peaje en ambulatorios y hospitales. O si educación conservaría las escuelas de barrio y las de artes y oficios, y cobrara por los colegios e institutos de formación profesional.

Frente a esta ultra visión liberal de entender la financiación de los servicios que deben prestar las administraciones, no es exagerado, y sería demostrable, afirmar que las diputaciones ingresan miles de millones por el amplio conjunto de impuestos que soporta la tenencia de un vehículo. Impuestos dinámicos que se mantienen desde su compra hasta que se retira al desguace. En contrapartida a solo unos cientos de millones con los que se cubre las inversiones y gastos de la totalidad de la red viaria del País Vasco.

Esta concepción de que las vías de alta capacidad son un lujo, conlleva a que las clases medias y bajas se vean excluidas del derecho a una movilidad segura y eficiente, viéndose obligados a transitar por las saturadas nacionales (N-634, N-620, Bl- 625 etc.) poniendo con ello en serio riesgo su vida. El bien más preciado a proteger por las instituciones.

Se invoca a la Unión Europea como adalid de la imposición de los peajes, cuando la Comisaría Europea de Transportes y movilidad no se cansa de declarar: «Europa no obliga a ningún estado a  instaurar peajes. Solo legisla para que, en aquellos países que lo hacen, cumplan en su desarrollo con todos los derechos». De la misma manera que legisla, por ejemplo, con la elaboración de chorizos. Ni en el farragoso texto de la concesión de los fondos europeos de recuperación pos covid, se deduce la condición «sine qua non» de implementación de peajes para acceder a los fondos europeos. La ciudadanía debe empoderarse ante la injusta situación que supone el sobreimpuesto de los peajes, y exigir a las instituciones que se respete, como uno más, su derecho a una movilidad segura, eficiente y ecológica, derechos que aportan las vías rápidas. Para su consecución están trabajando las distintas plataformas de los tres herrialdes, y seguirán trabajando.

Laudio-Zumarraga- Durango

AP-68 Doainik.
A-636 Peajerik ez
AP-8 Peajerik EZ

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