[dotb.eus] Tomás Espín Irigoien, primer paracaidista titulado de Durango

Por Jesús Iturralde
Tomás Espin

Continúo con mi inveterada costumbre de sacar a la luz curiosidades, costumbres, tradiciones y personas que, con mayor o menor trascendencia forman parte del acervo cultural y la historia de nuestro querido pueblo, Durango.

Hoy toca hablar de una buena y gran persona, durangués de “Pro”, Tomás Espín Irigoyen. Este “magdalenatarra” fue el primer durangués que cumplió la “mili” en el cuerpo de paracaidistas y fue el primero de este pueblo que adquirió el título de “Caballero legionario paracaidista” (con esta rimbombancia se les denominaba), allá por 1951.

Hasta tal punto llegaba esta denominación que allá por el 1964 le escribí una carta a un primo mío paracaidista y en el sobre puse las señas con el nombre Jaime tal y tal. Pues bien; me fue devuelto el sobre sin abrir y con una nota en la que me decía la superioridad del acuartelamiento que mientras no indicase “A la atención del Caballero legionario paracaidista Sr. tal y tal”, no se le entregaría el sobre. ¡Qué gilipollez!

Ingresó en ese cuerpo por “mili” en el año 1950 y después de seis meses de cursillo en Alcantarilla (Murcia), en el 1951 se lanzó por primera vez en paracaídas y tras seis lanzamientos obtuvo la titulación.

Durante la “mili” se lanzó en 27 ocasiones

A ruegos del que suscribe, accedió a relatar un par de anécdotas curiosas aunque una de ellas dramática:

En cierta ocasión en un lanzamiento de exhibición antes grandes personalidades entre las que se encontraba el mismísimo rey Faruk, se dio cuenta que el viento le empujaba hacia unos árboles recién podados con el riesgo que ello conlleva. Procedió a tirar de las cuerdas del paracaídas con el fin de modificar pero cayó sobre el público junto a la tribuna presidencial.

En otra ocasión se rompió el cable del avión en el que se enganchaban los paracaídas para que al término de la cinta se abriese el “paraca”. Como se lanzaban rápido y en fila vio cómo sus dos compañeros anteriores caían en picado y a él no le quedó más remedio que saltar, pero inmediatamente tiró de la anilla de seguridad y se le abrió el paracaídas viendo cómo sus compañeros se estrellaban falleciendo en el acto.

Este fue un muy mal trago que aún no ha podido olvidarlo ni digerirlo.

En fin, que Tomás Espín fue el primer paracaidista durangués.

No es que tenga mayor trascendencia pero ahí queda para la historia de nuestro pueblo.

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